NOCHE POÉTICA

POESÍA
La poesía es tan solo otro camino
distinto hacía la temida muerte.
La poesía es el placentero orgasmo
del corazón y sus sentimientos.
Y yo un lujurioso peregrino
que camina errante entre los versos.

R.S.V.



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domingo, 2 de febrero de 2014

RAZONES

Porque revuelves el fondo,
porque desahucias la noche,
porque no me correspondo
cuando inspiras el reproche,

Porque desnudas la excusa,
porque desdoblas el Ser,
porque te quise por musa
mucho más que por mujer.

lunes, 9 de diciembre de 2013

DESPERTAR

Pues no, el poder no te da la razón.
Mi libertad no tiene ningún precio,
no eres nadie salvo tú, no soy un necio
a quien puede comprar tu corrupción.

Pienso que si no es lógico es posible
que somos la joya de la corona,
y el pueblo que recuerda no perdona,
guarda su tiempo de un lucro inservible.

Si nos pides un sacrificio, en vano
peligra tu vida, y si soy sincero,
yo siempre estaré al lado del obrero
y el obrero siempre será un hermano.

En el sacrificio reza tu nombre,
lo sabes, por eso mismo te escondes,
tan solo callas, siquiera respondes
porque no eres ni la mitad de un hombre.

Solo te avala el hampa de elegidos
que sostienes y este es tu valor.
Bebe una gota de nuestro sudor
sabrás por qué estamos enfurecidos.

Se abren los párpados, se abre el telón,
y si tu descanso nos quita el sueño,
no descansarás, no tenemos dueño,
ahora escribimos nuestro propio guión.

sábado, 1 de diciembre de 2012

El látigo de la memoria ( A mi sobrino Álvaro Suárez)


Dije el otro día que estaba escribiendo uno de los poemas más íntimos de mi vida, pues a este me refería se lo dedico a mi sobrino Álvaro:

Lloraban un cuerpo rígido: el mío.
Y arropando el caos de un último adiós
suplicaban la palabra de Dios.
Realmente mi cuerpo estaba vacío,

Tan solo era el límite de los hombres,
ya no era más de lo que podían ver,
a lo sumo era el sudario del ser
o el escenario feroz de dos pronombres.

Mil rayos cárdenos, voces, visiones…
Descendí de la inefable tormenta.
La mirada brotó sin darme cuenta
mientras la vida inflaba mis pulmones.

Y sentí el llanto maternal flamígero
quemando cada uno de mis rincones…
yo me sentía enfundado en confusiones
interrogando al pensamiento alígero.

La noche dolía pero no lloré
¡Ah! Ni me arrepentí, ni me arrepiento,
pero desde el alma juro que te miento
si digo que de ti no me acordé.

Entonces todo se tornó en realidad
y te juro que no lloré llorando,
y te juro que lo sigo pensando
y te juro que estoy loco de verdad,

Y que solo la poesía me sostiene
y mitiga la inquietud que me habita.
Que poesía es el rumor de esa carita
y la dulzura que tu risa tiene.

Desahucié el alma en la sordera
denunciando el filo del sentimiento,
y prendía en cada suspiro mi aliento
cuando confesé pasar la frontera.

Palpitaba incrédula la ceguera
bajo las luces que se sucedían.
Y ellos que todavía no lo entendían
aguardaban en la sala de espera.

Se resistía la vida en mis latidos
y las sombras que todavía me infligen,
me exiliaron del templo del origen.
Pero el templo aún perdura en mis sentidos.

Me extrajeron la savia corrompida
y floreció la esperanza difusa,
pero cuando aún veía la oración confusa
vomité la muerte y absorbí  la vida.

Descubrí en un abismo insostenible
la sinceridad dolida de un padre
y el llanto inconsolable de una madre
entre el calor de un abrazo inasible.

Desnudé las psicofonías del alma
y presentí compasivo el engaño,
era como si no importara el daño
en el trágico manto de la calma.

Llegaste entonces como Ángel del cielo
infringiendo la intimidad del llanto,
y sin embargo desaté el espanto
profundo de ignorar el dulce anhelo

de tu alma ¿Cómo guardad la apariencia
si vi a un niño romper en un segundo
los vestigios de toda una existencia,
cuyo canto aún se insinúa profundo?

No pude sino esconder la mirada
y callar una tristeza inefable
sobrevolando el vértigo insalvable
de haber renunciado a todo por nada.

La inquietud de la sangre te nombró
en la lengua que interpreta la noche
y el verso ramificó en el reproche
que el orbe espolvoreado mitigó.

Pero aún el látigo de la memoria
azota indómito mi corazón
en el sueño de soñar tu perdón
y estimo esta disculpa obligatoria.

Porque aún cuando te atormente el vacío
y tu sombre te estorbe en el camino,
serás más un hijo en mi que un sobrino
y el más preciado tesoro de un tío.

lunes, 9 de julio de 2012

EL ÁNGEL


Pétreos constelan verde manto
como pételos del azar.
Pero sin él soy un ser impar
y me desangro mientras tanto,

porque la plástica opulencia
les consume y les emociona.
Saben que el tiempo no perdona
y lo ignoran con insolencia.

Sin más prolegómenos huyo
y convierto la muerte en arte
en caso de buscarla. Parte
de ella este presagio que intuyo.

Tú, Ángel de antemano perdido,
tú, Ángel que no acepta rima,
no esperes que mi sombra exprima
ya la censura del olvido

porque mi alma ya no te reza.
Aunque cada vez que te veo
la contención se torna en deseo
y se inquieta así mi tristeza.

Ángel que no me corresponde.
Y sé con absurda certeza
que un Ángel ignoto me reza.
Sé que hay un Ángel, pero no donde…

Portará la imagen que añoro
y un presentimiento de paz,
bajará de un luminoso haz
ondeando su cabello de oro.

Lo sé, porque así lo soñamos.
Ángel perdido ¿tú aquí?
Desnúdate despacio, si,
desnúdate, después hablamos.

martes, 17 de abril de 2012

EL ÚLTIMO BESO

Ya no eran húmedos ni sinceros.
Ya no manifestaban pasión
siquiera nuestros últimos besos.
Dime, ¿Qué será ahora del amor
que jurábamos sería eterno?
¿Quién de nosotros dos escribió adiós
en las cenizas de nuestro fuego?
Se incrustaran en el corazón
antes de que se la lleve el viento
para inmortalizar bajo el sol
nuestro amor en forma de recuerdo.

Que habrá sido me pregunto yo
de nuestros apasionados besos
si el tiempo los convirtió en fricción
carnal de lo que llamamos miedo,
Y aunque todavía guardo el sabor
de tus labios, ya no soy su dueño.
En realidad no sé la razón,
pero esta noche sin saberlo
algo ha muerto entre nosotros dos.
Nos hemos dado el últimos beso
con tristeza pero sin dolor.

sábado, 10 de marzo de 2012

El arcano de la belleza

¡Oh! Díganme eternas insatisfechas,
qué buscan vuestras súplicas desechas,
qué buscan, díganmelo por clemencia,
no puedo estirar más la inteligencia.

¿Buscan por ventura un molde adecuado
de tamaño viril y proporcionado?
¡Oh! Perecerá, no les hará gracia
cuando la mutación se muestre lacia.

No me miren así, no se me ofendan,
no me penalicen ni se desprendan
de la lectura (no me mires así,
es solo que aún no te conozco a ti).

Qué piden vuestras súplicas al cielo,
qué virtud satisfaría vuestro anhelo.
Por no descartar…¿el rango de un nombre?
¡Oh! No pidan mucho, solo soy un hombre.

Qué claman vuestros rezos concordantes,
qué Ser santificado os conmueve antes,
¿Las almas sinceras y detallistas?
No se impugnen, no se pasen de listas,
no las valoran, que así me he ofrecido
y soy pasto sustancial del olvido.

¡Oh! Maldito mito es el del amor,
sumaré otra derrota a mi dolor.

¡Por favor, qué suplica vuestro cántico!
¿busca tal vez el reflejo romántico?
No lo valoran, que así me he ofrecido
y de todo esto nada me ha servido.

No sé rentabilizar mis enfados
para ganar vuestros encadenados
corazones. ¡Oh, divino misterio,
que una fibra de él sea mi cementerio!

Qué buscan, si después son inasibles
para quintetos suaves y sensibles.
¿No buscaran solo por mal pensar,
compañía para poder remediar
el absurdo caos de la soledad?
No os ofrezco en vano mi Identidad.

Decidme voluptuosidad celeste,
descifren el misterio que conteste
a la inquietud de mis sospechas.
¡Oh! decidme eternas insatisfechas.

viernes, 9 de diciembre de 2011

CRÓNICA DE UN VUELO A DUBLÍN

Estimo que alrededor de dos horas
deben faltar para verte de nuevo.
Noto como poco a poco me elevo
por unas alas ensordecedoras.

La culminación del ligero ascenso
me descubre una belleza mundana
bañada por la luz de la mañana.
Cegado por su brillo escribo y pienso

Qué insignificante soy en la creación.
Enlazo carreteras asfaltadas
caminos y veredas ya olvidadas.
Garabatos de nuestra evolución.

Extiendo mi folio en el pobre soporte
del estrictamente incómodo asiento,
pero yo tampoco sé lo que siento…
Aun así vuelo enamorado al Norte

Sufriendo una romántica tristeza
al surcar un océano esponjoso
que se despliega ante mí, todo hermoso
¡Oh, quisiera arrojarme a su belleza!

Y romper su eterna serenidad
chapoteando en su espesura rocosa
de azucarada espuma ¡abstracta prosa
que el viento compone a su voluntad!

Se aprecia en las fortuitas claridades
como un bostezo de mar arrugado
finito en el horizonte curvado.
O se alza un puñado de ciudades

Que en la noche telarañas de lava
parecen. Y hablando de ellas, Dublín
se divisa a lo lejos. Ya por fin
podré liberar a mi alma que esclava

De la distancia apenas se sostiene.
La esperanza no fue sino un impulso
para seguir y dominar el pulso
que la nocturna realidad mantiene.

¡Oh, Sílfide por Empírea excelencia
que mi reverencia al amor efecto
ha causado y mi corazón erecto
se excita agonizante en la paciencia!

Ya solo faltan escasos minutos.
Peino con la mirada a los doscientos
pasajeros. Todos en sus asientos:
un anciano traga densos esputos,

Otro ronca detrás de mí con ganas;
a mi izquierda una durmiente belleza
amenaza con posar su cabeza
sobre mi hombro; y delante dos hermanas,

La mayor torpemente se desliza
en su asiento para ver con recelo
qué escribo. Así finaliza el vuelo.
El ave metalizado aterriza.


Este poema lo compuse hace pocos días en pleno vuelo a Dublín.(3-12-11) En él describo o intento describir la belleza que desde la Troposfera se aprecia de tal forma que se entrelaza con la crónica real del vuelo

viernes, 11 de noviembre de 2011

EL CHICO QUE NO MIRABA A LOS OJOS

El chico que no miraba a los ojos…
la razón de porque no los miraba
siempre será un misterioso secreto,
quizás lo hacía porque tenía temor
a que le pudiesen robar el alma
(que aunque era su más preciado tesoro
lo marchitaba con dosis de alcohol)
o por el rencor a la raza humana
de la que jodidamente era parte.

El chico que no miraba a los ojos
era lo que somos todos nosotros,
simplemente era un engranaje más
de la gran maquinaria universal
y pese a que estaba bien engrasado
no encajaba del todo bien en ella,
quizás porque no sabía su función
o quizás porque estaba mal construida.

El chico que no miraba a los ojos
llevaba la contraria a los demás
(lo hacía, pero siempre con argumentos)
quizás sólo por darse la razón,
o simplemente por necesidad
¿O era para conocerse mejor…?

El chico que no miraba a los ojos
se sentía muy cómodo en su tristeza,
empero angustiado en la soledad
porque allí somos realmente quien somos,
somos nosotros cuando estamos solos,
y eso le producía un poco de miedo
y hasta le resultaba peligroso,
de ahí que crease otra personalidad
para compensar su fragilidad.

El chico que no miraba a los ojos
tenía sus defectos y sus virtudes
y la mejor de sus pocas virtudes
era que siempre aceptó sus defectos
y el peor de sus conocidos defectos
era que no apreciaba sus virtudes,
así conseguía la sabiduría
y la sencillez respectivamente.

El chico que no miraba a los ojos
sabía que su incomprendida locura
sólo era la ignorancia de los cuerdos,
aquellos que tienen miedo al ridículo
y que aún en su cordura no comprenden

que el ridículo es una limitación
de nuestra muy preciada libertad,
por eso él siempre fue quien quiso ser
sin nunca tener miedo al qué dirán,
y nunca evitó la ridiculez
si esta conllevaba la libertad,
que siempre prefirió ser libre y loco
que ser cuerdo y esclavo de los demás.
Y después de esto ¿Quién está más loco?

El chico que no miraba a los ojos
se iba dando cuenta frente al espejo
de que con el transcurso de los días
se hacía irremediablemente más viejo
y de que valoraba sus poesías
¡Oh! Mucho más que su propio pellejo,
nunca se esforzaba en fortalecer
su cuerpo, pero sí y mucho su mente,
por eso la apreciaba mucho más.

El chico que no miraba a los ojos
tenía un pequeño lado femenino,
en realidad como todos los hombres,
y el de él siempre fue indiscutiblemente
la más oscura y precisa intuición
que lamentablemente confundía
con una absurda justificación
a su más errada impulsividad
con la que inútilmente pretendía
alterar el siempre eterno destino
y que tantas veces le encaminó
al más lamentado arrepentimiento
(luego se arrepentía de arrepentirse).

El chico que no miraba a los ojos
odiaba a la innecesaria mentira
tanto como temía a la cruel verdad,
o mismamente como temía al olvido,
aquel que fue tantas veces aliado
y en otras tantas veces enemigo.

El chico que no miraba a los ojos
siempre fue un incomprendido romántico,
( quizás sea porque el verdadero amor
se va ahogando en peligro de extinción,
¡Que se nos va el amor sin darnos cuenta!)
Un romántico oscuro de otras épocas
de esos de ramo de flores en mano,
de palabras infectadas de amor,
de versos muertos en el corazón,
de suspiros que regalaban su alma,
de dulces miradas, (sí de miradas)
que solamente miraba a los ojos
cuando este realmente se enamoraba.
Quizás aquí lo hacía en defensa propia
(¿Quién te puede dañar más que un amor?)
Para así descubrir y calibrar
lo que escondía el reverso de la piel
de quien en ese momento él amaba
¡Pues nuestra mirada enseña nuestra alma!

El amor que tanto necesitamos
se va ahogando en peligro de extinción,
el amor que como él ya aseguró
no es ciego pero produce ceguera,
sólo deja ver lo que ver queremos
y no vemos lo que ver nos da miedo.

El chico que no miraba a los ojos
se esforzaba en morir un poco más
¡Oh! cada día, cada hora, en cada verso…
y aunque el tiempo era su mejor aliado
él siempre le tuvo cierto temor
por asegurarle una muerte lenta.
Se esforzaba en morir un poco más
y de hecho conoció lo que es la muerte
(que nadie puede completar su vida
sin haber muerto al menos una vez)
y escuchó las psicofonías de su alma*
¿O quizás fueron las voces de Dios?
Eso jamás lo podremos saber,
siempre será un verso por descifrar,
(a pesar de que él sabía su secreto)
un verso que lo devolvió a la vida
y a su cuerpo, un osario hecho de piel
lleno de venas, de sangre y dolor
donde mantenía encarcelada el alma.
Se esforzaba en morir un poco más
y de hecho conoció lo que es la muerte,
la conoció, aunque fuese provocada
(muerte egoísta pero nunca cobarde)
por los influjos de una noche poética.

No faltó en ninguna de las esquinas
o calles, una lengua venenosa
que inventara una justificación,
decían que por asuntos personales,
otras decían que fue por un amor
y otras decían mil y una idiotez más,
ya que lo único que justificaba
a algo que fue tan injustificable
fue aquello que calló en su noche poética *
y no aquello que dijo entre sus versos,
que no fue por asuntos personales,
ni fue por el más bendecido amor,
tampoco lo fue por una mujer
sino por las latentes malas artes
de una mujer (arpía angelical)
a las que cualquier hombre está indefenso.

El chico que no miraba a los ojos
quizás este leyendo o escribiendo esto
y la razón de porque escribía (o escribo)
estos oscuros versos en pasado
es por que cuando lean ustedes esto
(como él aseguraba) podría estar
muerto, o lo que es aún peor, ser olvidado.
Esto podría ser una despedida
o una buena bienvenida al imperio
de aquellos que luchan por conocerse.

Ya se despide y muy afectuosamente
el chico que no miraba a los ojos.

*Se refiere un poema publicado en mi anterior libro que trata sobre el suicidio.
Tiene por nombre “psicofonías del alma”.

** Se refiere a su primer libro.

viernes, 17 de diciembre de 2010

EL TREN DE LAS SIETE

La lluvia bombardeaba la estación
disimulando sin querer mis lágrimas,
las mismas que exprimía mi corazón
infectado ya de nostalgia y lágrimas.

Y desde aquella acerada serpiente
tu mirada buscaba en la estación
los restos de un amor incandescente
que ardía libre en mi triste corazón.

Yo te observaba entre la gente,
no tuve el valor para despedirme
me protegí de tu mirada hiriente
pero me viste allí… mojado y firme.

Nuestra acuosa mirada se cruzó.
Me iba quedando solo en la estación
cuanto tu rostro desapareció…
al instante bajaste del vagón.

Te posaste ante mi húmeda figura
con aquel redoble de tus tacones,
me miraste y besaste con ternura,
de nuevo juntos nuestros corazones.

Aquel tren de las siete se marchaba
vomitando una oscura estela de humo,
tu boca ajena a todo aún me besaba
con su saliva cual sagrado zumo.

“Te debes ir ya, se marcha tu tren”.
Dije atreviéndome a cesar sus besos.
“Mi sitio está aquí contigo, Rubén”.
Y de nuevo del amor fuimos presos.

Pocos días antes a tu corazón
se le marchitaban los sentimientos,
mas te diste cuenta en aquel vagón
de que me amabas sin remordimientos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

EL VIUDO (2ª PARTE DEL POEMA DE LA PRÓXIMA SEMANA, ALARIDOS DE UN POETA) lean mi comentario

Se adentraba en las mañanas de niebla
en aquel frio laberinto de mármol
llevando como enlutada bandera,
un recién cortado ramo de flores
y un beso en los labios que será eterno.

Dejaba un rastro con su gris mirada
para marcar el camino de vuelta
(aunque aquello fuese muy a pesar suyo).

Navegaba entre nombres, fotos, cruces,
Ángeles, epitafios y cipreses,
así llegaba a su pequeño altar
en donde un melancólico: “ Aquí yace…”
le congelaba su ya helada sangre,
le partía su triste y solitaria alma,
marchitaba su viejo corazón,
le hacía morir todavía un poco más…
(Aunque eso no fuese muy o pesar suyo).

Allí colocaba el ramo de flores
pero se guardaba su último beso,
confiaba en poder dárselo en el cielo
o en la próxima vida si la hubiese.

Allí derrochaba plegarias, rezos,
lágrimas, recuerdos, largos silencios…

Alguna vez sonreía sin darse cuenta,
sonreía mirando cómplice al cielo,
después, bajaba la mirada al suelo
o a la foto de su difunta amada,
en ella le peinaba sus cabellos
le miraba a su arrugada mirada
que aún conservaba el color del amor
y le decía lo mucho que le amaba,
ella tan risueña se sonrojaba
y este le regalaba un beso ardiente
que contrastaba con el frio mármol.
Y así hasta que una grisácea paloma
se posó sobre él y lo despertó
de su tan necesaria fantasía
(Esa tan necesaria como inútil).

Lo sé porque yo ese día estaba allí,
era un frio lunes, un tres de noviembre.

Sus pies siguieron el rastro dejado
y estos le hicieron pasar por mi lado,
iba diciendo algo en voz baja sobre
el poder de una jaula de papel,
sobre su condena y sus consecuencias,
yo en ese momento no lo entendí
mas podrían ser alaridos de un poeta.

Y lo que el viudo (o el poeta) no sabía
es que cuando venga a su altar mañana
allí encontrará ( y leerá) este poema.