NOCHE POÉTICA

POESÍA
La poesía es tan solo otro camino
distinto hacía la temida muerte.
La poesía es el placentero orgasmo
del corazón y sus sentimientos.
Y yo un lujurioso peregrino
que camina errante entre los versos.

R.S.V.



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miércoles, 28 de agosto de 2019

La ranchera del borracho (adolorido)

Espero el día de mi muerte
que morir es igual que verte
si alcanzarte a besar.
Volverás flaquita linda,
pues no hay mujer que prescinda
de un macho que sabe amar.
Y dices que no me quieres,
que trasnocho con mujeres
y ando borracho en el bar.
Pues desprecias mis halagos.
son mi cura unos tragos
para poderte olvidar.
Y no hay bastantes tequilas
para olvidar tus pupilas
en este solitario bar.
Pero yo sé que me quieres
aunque orgullosa me hieres
solo por verme rogar.
Y aunque tu orgullo no quiera,
sé que el día que yo me muera,
¡Ay! me vendrás a llorar,
Y espero el día de mi muerte,
si por morir vuelvo a verte,
¡ay! moriría sin pesar.
Rubén Suárez Valverde

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL CRIMEN (El Heautontimorumenos)

Ayer a media noche maté a un hombre.
Profanó mi oscuridad abisal
despellejando el reflejo carnal
que da sombra y apariencia a mi nombre.
El cual susurraba una y otra vez
con acento que arañaba lo irónico,
mi nombre fluía como un insulto armónico,
como eco destilado en la embriaguez
del miedo. Pero de un valor afónico
que no sé de donde surgió me armé,
y entonces, sin hablar pregunté:
-¿Quién eres?
Silencio.
-Responde- dije- prístina presencia,
espectro latente de la conciencia,
¿profanas mi oscuridad y ahora callas?
¡Dime tu nombre si tienes agallas,
no dejes a medias tu atrevimiento.
Acaba de una vez con mi tormento!
¿Quién eres?
-Tú.
-¿Quién se atreve a burlar de tal manera
la tempestad en mi alma desatada
que bien parece una brisa otoñal
de mueca y de sonrisa disfrazada,
allí, fuera del sudario carnal
que la mantiene triste y prisionera?
-Tú.
Me volví dando la espalda a mis ojos
impulsado por un pánico atroz,
para seguir la estela de su voz
que palpitaba tras unos matojos
devanados con visible maldad,
entre remordimientos tenebrosos.
¡Vestigios malditos de la experiencia
que se agitaban cual monstruos viscosos
en lo más profundo de la conciencia!
Hecatónquiros eran su follaje
y errantes de la Estigia más profunda
sus frutos. Entonces reuní el coraje
de mi alma desnutrida y moribunda,
reavivando su lúgubre fulgor
que iluminaba un místico camino
roído por reproches hasta el espino.
Por reproches que manaban dolor,
por reproches que amputaron mis alas,
por reproches que como réprobas calas
de lágrimas en las que el corazón
se ahoga en su propia desesperación
y en el insomnio de las largas noches,
encharcan las orillas del presente
nutriendo las miserias de la mente.
Reproches, reproches ¡siempre reproches!
Son grilletes de recuerdos hirientes
que condicionan nuestra libertad.
Son esas psicofonías estridentes
que ensordecen nuestra felicidad.
Son racimos de dudas incoherentes
que ceban nuestra viscosa ansiedad.
Y así, encadenado, sordo y cebado,
sorteando cada óbice presentado,
me posé ante la guarida infernal
que violentamente se retorcía,
como si le escociera el propio mal
que tan misteriosamente escondía
con la intención de sellar un final.
Ya fuera con su sangre o con la mía.
Pues poco me importaba, la verdad,
todo en la siniestra nocturnidad.
Y tras esta sangrienta conjetura,
dejando a lo celeste nuestra suerte
y por supuesto, sin temer la muerte,
le hablé con interrogante textura,
para así, engalanar su alma de insulto
y hacer que saliera aquel ser oculto
tras los frutos del palpitante espino,
preñados de ironía como el destino.
-Dime, ¿dónde está ahora la valentía
que minuciosamente te ha traído aquí,
armado de inoportuna osadía
que ejecutas y escondes ante mí?
Entonces aumentaron las convulsiones
en el espino fulgente y maldito
entre pestilentes respiraciones
que arrancaron en mí un terrible grito.
Son inefables aquellas visiones
luciferinas que exhalaba el rito.
Se me encogió el corazón cuando vi
salir entre aquel pestilente miasma
un reflejo translúcido de mi,
la encarnación de mi propio fantasma,
que ahora, dejando atrás su cobardía,
clavó su inquietante e infernal mirada
de color rojizo sobre la mía,
que no pudo sino desorbitada
enfrentarse a los destellos del mal
de incandescente y primario color
manifestados en el ser fantasmal.
Es este sin duda el mayor temor
que pueda sentir jamás un mortal,
enfrentarse desnudo a su interior
siendo uno mismo la herida y el puñal.
Pero no había menguado aún mi valor
ni la intención de sellar un final,
aunque oscilase entre el propio suicidio
y el más intrépido y complejo homicidio,
pues ambos traerían la tranquilidad
que aún sigo implorando en mi soledad.
No aparté de sus pupilas macabras
mi mirada ni tan solo un segundo,
cuando desenfundé nuevas palabras
que brotaron de un impulso profundo:
-¿A quién se debe furia impertinente,
inquietud de mi sangre solitaria,
la amenaza que mantienes latente
en tus respuestas de burla nefaria?
¿Acaso eres la sombra de un gualicho
que tiene como siniestro capricho
devorar mi insufrible levedad?
¿O eres el fruto de la voluptuosidad
de aquel Súcubo que por excelencia
fue fecundado por el Ángel caído?
Dime, ¿ a quién se debe tu presencia?
¿Quién es el Ser infernal que te ha traído
para hacer más amarga mi existencia?
¿Quién profanador, fue el Ser vengativo
que te engendró en mis ruinas a conciencia
sin aparente ni justo motivo?
-Tú.
-¿Qué maleficio es el que se me impone,
qué condena o castigo se supone
monosílaba burla, que merezco,
si ya no sé a qué deidad pertenezco?
Y si los renglones de la experiencia
se escriben en la frente con paciencia
degenerativa. Tinta que se adquiere
a marcha forzada según se muere.
Si todo se aprende tarde en la vida
siendo esto ya una verdad digerida
¿Crees que de verdad castigo merezco?
Si es así, ejecuta tu maleficio,
acaba de una vez con mi suplicio,
porque ya de esperanza no padezco
desde que vencí al motín de los sueños
muertos con sus desengaños y empeños.
Ancló con espectral levitación
en los océanos que esconde mi sombra.
Sentí su estentórea respiración
y todavía siento cómo me nombra.
-¡Oh, delirio! ¡Oh, verídica invención!
Fauna del bosque de la identidad,
tú ridiculizas la soledad.
A ti, ilícita reverberación,
solo te tengo a ti, en nada más creo,
porque tú eres yo y de mi has venido.
Pero hoy te acepto, te rezo y te olvido.
Y fundiéndose en lágrimas del Leteo,
terminó la noche y sus pesadillas.
Soñaré si las voces no me infligen.
Deshojaré para caer de rodillas
mi sombra volviendo al punto de origen.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Recitando en el festival Voix Vives




Mi humilde participación en el festival internacional de Poesía Voix Vivex, en el que acudieron poetas de veinte países, se hablaron nueve lenguas y se pudo disfrutar de cuatro conciertos. Recité poemas del que será mi tercer poemario en solitario, el poema más aclamado fue "Lo que te quise decir ayer" aunque a "Un instante cualquiera" también tuvo el reconocimiento de los asistentes.Agradezco las felicitaciones ulteriores al acto y los elogios recibidos por mi apuesta por la rima y la métrica, hoy que tan en desuso se encuentran. La verdad es que disfruté recitando y escuchando a tantos poetas,mi favorita como ya intuía, y la mejor, fue la española, aunque de origen belga, Chantal Maillard. El iraquí Muhsin al-Ramali tambien estuvo genial, y por supuesto la siria Maram Al-Masri. Bonita experiencia me llevé!






domingo, 19 de mayo de 2013

Café de Abril


Dibujaba la lluvia torrencial
un lienzo de nostálgica orgía.
Puntillismo acuoso tras el cristal
que nutría nuestra melancolía.

Confesiones tristemente optimistas
surcando la espuma de un café…
Fuimos olvidados protagonistas
de lo que pudo ser y  no fue.

domingo, 21 de octubre de 2012

LO QUE TE QUISE DECIR AYER


Tú seguías hablando así, tan graciosa...
me mirabas y reías algo nerviosa,
desviabas la mirada, sonrojada
como una tarde de otoño nublada.
De carneola parecían tus mejillas,
de rubí consagrado las orillas
de tus palabras, pero ¡ay! tan graciosas...
Y como por un camino de rosas
ascendíamos entre la multitud.

Entonces la visión de mi inquietud
vi descender celebrando una broma
que seguro él causara. Aún su aroma
despertó la nostalgia en mis sentidos,
y aunque eramos dos desconocidos,
percibí su saludo telepático.
Todo parecía un complot enigmático
pactado entre el pasado y el destino
que forjó nuestro encuentro repentino
como una travesura del Dios Jano.

Ingenua, apretabas fuerte la mano
denunciando mi insustancial ausencia,
lo que sonreía amor, era la apariencia...

Curiosa te examinó toda entera
y aunque para ti fuera alguien cualquiera,
en mi seguía siendo el fantasma aquel
que aún habita el reverso de mi piel.
Te confieso que me descubrí en ella
cuando tornó a mi su mirada bella.

Esmeralda y fuego, infinito abismo,
firme terror de temerse así mismo,
mil rayos cárdenos, asfixia ingrávida,
evocó su mirada en mi alma impávida.
Era como si no importara el daño.

Sentí brotar el amor como antaño,
descubrí su luz profana en mis ruinas
y como por un camino de espinas
te alejabas cual recuerdo impostor
de mi vida, de mi alma, de mi amor....

Sentí en la mía la frialdad de tu mano
y tu voz como un murmullo lejano
que ya no entendía, anclaba en tus orillas.
Los dedos trotaban las barandillas
como furtivos de la realidad.
Yo te quise confesar la verdad
mas tartamudeó mi voz temblorosa
y tú seguías hablando, tan graciosa...