NOCHE POÉTICA
POESÍA
distinto hacía la temida muerte.
La poesía es el placentero orgasmo
del corazón y sus sentimientos.
Y yo un lujurioso peregrino
que camina errante entre los versos.
R.S.V.
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Y yo un lujurioso peregrino
que camina errante entre los versos.
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martes, 13 de diciembre de 2016
domingo, 4 de diciembre de 2016
DESPUÉS DE LA TORMENTA
Te
escondo en los versos
De
mi pluma a veces triste.
Nadie
lo sabe.
Me
disfrazo de luz
Y
brindo.
Finjo
una sonrisa
Que
ni yo me creo,
Todos
ríen y no sé de qué
O
de quien, pero rio.
Llevo
interminables
Minutos
en una conversación
Sin
sentido,
Sin
ti,
Sin
mi.
Ya
nadie pronuncia tu nombre
Al
menos delante de mi.
Traicionan
la belleza
En
una vano esfuerzo
Por
callar el eco de mi cabeza
Que
con latidos cuento.
Yo
solo quiero llegar
Al
altar de nuestros recuerdos
Y
llorarte,
Ojear
el libro que olvidaste con las prisas
Y
oler tu perfume en la almohada.
Me
pregunto qué harás ahora,
Con
quien estarás,
Si
quizás tus amigas también
Te
han forzado a salir como a mi,
O
sin estarás pensando en mi
Acurrucada
con tu gato
Viendo
una película triste de final feliz,
Un
final distinto al nuestro.
Una
patética excusa
No
me disculpa de marcharme
Y
sin saber cómo me encuentro
Con
dos copas en la mano,
Aseguran
que es la penúltima,
Siempre
he odiado la penúltima.
Llevan
toda la noche
Intentando
presentarme a chicas
A
las que no se atreven a hablar
Como
si eso fuera bastante
Para
olvidarte,
Afortunadamente
sus intentos
Son
correspondidos con desprecios,
Solo
una hubiera accedido
Si
no hubiera advertido
Mi
cara de aburrimiento.
Me
voy, así, sin excusas,
De
repente, como la lluvia
Que
moja las calles
Y
precipita la entrada masiva
De
gente al bar.
En
efecto, he bebido demasiado,
Lo
que funciona no se ha de cambiar.
La
intensa lluvia cala mi ropa
Se
resbala por mi piel
Como
lo hacías tú,
Despacio,
húmeda, sutil.
Los
que no saben de ti
Dirían
que voy haciendo eses
Pero
voy dibujando tu silueta.
Si
los números del teléfono
No
se movieran tanto
Te
llamaría ahora que tengo el valor.
Por
fin llego a casa,
Al
altar de nuestros recuerdos,
Y
una frágil luz viste la habitación
De
momentos, de risas, de besos,
De
tardes de domingos de “peli y manta”
En
las que lo de menos era la película.
Una
ducha caliente
No
consuela tanto como una copa fría
Pero
se agradece.
También
te dejaste tu pintalabios,
El
del anuncio que me dijiste,
Y
de pronto siento
Una
patética envidia de él
Y
maldigo la suerte que compartimos,
Luego
de deslizarnos por tus labios
Los
dos hemos acabado tirados por el suelo…
Me
estorbo en tu ausencia, amor,
Me
desgarra tu ausencia, amor,
Y
nadie sabe nada, ni siquiera tú.
Deseo
que no lo sepas,
Porque
si lo supieras
Sería
cruel dejarme morir así.
Tengo
sueño y no puedo dormir,
Tengo
amor y no puedo amar,
Tengo
vida y no te tengo a ti.
De
qué sirve soñar amando
O
de amar soñando
Si
no te tengo a ti.
Desvarío,
amar y soñar es lo mismo.
Lo
único que tiene remedio
En
esta vida es la muerte,
¡Ay,
amor!
Que
el que muere amando ha vivido
Y
amándote viviré siempre.
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domingo, 13 de noviembre de 2016
EL CRIMEN (El Heautontimorumenos)
Ayer a media noche maté a un hombre.
Profanó mi oscuridad abisal
despellejando el reflejo carnal
que da sombra y apariencia a mi nombre.
El cual susurraba una y otra vez
con acento que arañaba lo irónico,
mi nombre fluía como un insulto armónico,
como eco destilado en la embriaguez
del miedo. Pero de un valor afónico
que no sé de donde surgió me armé,
y entonces, sin hablar pregunté:
-¿Quién eres?
Silencio.
Profanó mi oscuridad abisal
despellejando el reflejo carnal
que da sombra y apariencia a mi nombre.
El cual susurraba una y otra vez
con acento que arañaba lo irónico,
mi nombre fluía como un insulto armónico,
como eco destilado en la embriaguez
del miedo. Pero de un valor afónico
que no sé de donde surgió me armé,
y entonces, sin hablar pregunté:
-¿Quién eres?
Silencio.
-Responde- dije- prístina presencia,
espectro latente de la conciencia,
¿profanas mi oscuridad y ahora callas?
¡Dime tu nombre si tienes agallas,
no dejes a medias tu atrevimiento.
Acaba de una vez con mi tormento!
¿Quién eres?
-Tú.
espectro latente de la conciencia,
¿profanas mi oscuridad y ahora callas?
¡Dime tu nombre si tienes agallas,
no dejes a medias tu atrevimiento.
Acaba de una vez con mi tormento!
¿Quién eres?
-Tú.
-¿Quién se atreve a burlar de tal manera
la tempestad en mi alma desatada
que bien parece una brisa otoñal
de mueca y de sonrisa disfrazada,
allí, fuera del sudario carnal
que la mantiene triste y prisionera?
-Tú.
la tempestad en mi alma desatada
que bien parece una brisa otoñal
de mueca y de sonrisa disfrazada,
allí, fuera del sudario carnal
que la mantiene triste y prisionera?
-Tú.
Me volví dando la espalda a mis ojos
impulsado por un pánico atroz,
para seguir la estela de su voz
que palpitaba tras unos matojos
devanados con visible maldad,
entre remordimientos tenebrosos.
¡Vestigios malditos de la experiencia
que se agitaban cual monstruos viscosos
en lo más profundo de la conciencia!
Hecatónquiros eran su follaje
y errantes de la Estigia más profunda
sus frutos. Entonces reuní el coraje
de mi alma desnutrida y moribunda,
reavivando su lúgubre fulgor
que iluminaba un místico camino
roído por reproches hasta el espino.
impulsado por un pánico atroz,
para seguir la estela de su voz
que palpitaba tras unos matojos
devanados con visible maldad,
entre remordimientos tenebrosos.
¡Vestigios malditos de la experiencia
que se agitaban cual monstruos viscosos
en lo más profundo de la conciencia!
Hecatónquiros eran su follaje
y errantes de la Estigia más profunda
sus frutos. Entonces reuní el coraje
de mi alma desnutrida y moribunda,
reavivando su lúgubre fulgor
que iluminaba un místico camino
roído por reproches hasta el espino.
Por reproches que manaban dolor,
por reproches que amputaron mis alas,
por reproches que como réprobas calas
de lágrimas en las que el corazón
se ahoga en su propia desesperación
y en el insomnio de las largas noches,
encharcan las orillas del presente
nutriendo las miserias de la mente.
Reproches, reproches ¡siempre reproches!
por reproches que amputaron mis alas,
por reproches que como réprobas calas
de lágrimas en las que el corazón
se ahoga en su propia desesperación
y en el insomnio de las largas noches,
encharcan las orillas del presente
nutriendo las miserias de la mente.
Reproches, reproches ¡siempre reproches!
Son grilletes de recuerdos hirientes
que condicionan nuestra libertad.
Son esas psicofonías estridentes
que ensordecen nuestra felicidad.
Son racimos de dudas incoherentes
que ceban nuestra viscosa ansiedad.
que condicionan nuestra libertad.
Son esas psicofonías estridentes
que ensordecen nuestra felicidad.
Son racimos de dudas incoherentes
que ceban nuestra viscosa ansiedad.
Y así, encadenado, sordo y cebado,
sorteando cada óbice presentado,
me posé ante la guarida infernal
que violentamente se retorcía,
como si le escociera el propio mal
que tan misteriosamente escondía
con la intención de sellar un final.
Ya fuera con su sangre o con la mía.
sorteando cada óbice presentado,
me posé ante la guarida infernal
que violentamente se retorcía,
como si le escociera el propio mal
que tan misteriosamente escondía
con la intención de sellar un final.
Ya fuera con su sangre o con la mía.
Pues poco me importaba, la verdad,
todo en la siniestra nocturnidad.
todo en la siniestra nocturnidad.
Y tras esta sangrienta conjetura,
dejando a lo celeste nuestra suerte
y por supuesto, sin temer la muerte,
le hablé con interrogante textura,
para así, engalanar su alma de insulto
y hacer que saliera aquel ser oculto
tras los frutos del palpitante espino,
preñados de ironía como el destino.
dejando a lo celeste nuestra suerte
y por supuesto, sin temer la muerte,
le hablé con interrogante textura,
para así, engalanar su alma de insulto
y hacer que saliera aquel ser oculto
tras los frutos del palpitante espino,
preñados de ironía como el destino.
-Dime, ¿dónde está ahora la valentía
que minuciosamente te ha traído aquí,
armado de inoportuna osadía
que ejecutas y escondes ante mí?
que minuciosamente te ha traído aquí,
armado de inoportuna osadía
que ejecutas y escondes ante mí?
Entonces aumentaron las convulsiones
en el espino fulgente y maldito
entre pestilentes respiraciones
que arrancaron en mí un terrible grito.
Son inefables aquellas visiones
luciferinas que exhalaba el rito.
en el espino fulgente y maldito
entre pestilentes respiraciones
que arrancaron en mí un terrible grito.
Son inefables aquellas visiones
luciferinas que exhalaba el rito.
Se me encogió el corazón cuando vi
salir entre aquel pestilente miasma
un reflejo translúcido de mi,
la encarnación de mi propio fantasma,
que ahora, dejando atrás su cobardía,
clavó su inquietante e infernal mirada
de color rojizo sobre la mía,
que no pudo sino desorbitada
enfrentarse a los destellos del mal
de incandescente y primario color
manifestados en el ser fantasmal.
salir entre aquel pestilente miasma
un reflejo translúcido de mi,
la encarnación de mi propio fantasma,
que ahora, dejando atrás su cobardía,
clavó su inquietante e infernal mirada
de color rojizo sobre la mía,
que no pudo sino desorbitada
enfrentarse a los destellos del mal
de incandescente y primario color
manifestados en el ser fantasmal.
Es este sin duda el mayor temor
que pueda sentir jamás un mortal,
enfrentarse desnudo a su interior
siendo uno mismo la herida y el puñal.
que pueda sentir jamás un mortal,
enfrentarse desnudo a su interior
siendo uno mismo la herida y el puñal.
Pero no había menguado aún mi valor
ni la intención de sellar un final,
aunque oscilase entre el propio suicidio
y el más intrépido y complejo homicidio,
pues ambos traerían la tranquilidad
que aún sigo implorando en mi soledad.
ni la intención de sellar un final,
aunque oscilase entre el propio suicidio
y el más intrépido y complejo homicidio,
pues ambos traerían la tranquilidad
que aún sigo implorando en mi soledad.
No aparté de sus pupilas macabras
mi mirada ni tan solo un segundo,
cuando desenfundé nuevas palabras
que brotaron de un impulso profundo:
mi mirada ni tan solo un segundo,
cuando desenfundé nuevas palabras
que brotaron de un impulso profundo:
-¿A quién se debe furia impertinente,
inquietud de mi sangre solitaria,
la amenaza que mantienes latente
en tus respuestas de burla nefaria?
¿Acaso eres la sombra de un gualicho
que tiene como siniestro capricho
devorar mi insufrible levedad?
¿O eres el fruto de la voluptuosidad
de aquel Súcubo que por excelencia
fue fecundado por el Ángel caído?
Dime, ¿ a quién se debe tu presencia?
¿Quién es el Ser infernal que te ha traído
para hacer más amarga mi existencia?
¿Quién profanador, fue el Ser vengativo
que te engendró en mis ruinas a conciencia
sin aparente ni justo motivo?
inquietud de mi sangre solitaria,
la amenaza que mantienes latente
en tus respuestas de burla nefaria?
¿Acaso eres la sombra de un gualicho
que tiene como siniestro capricho
devorar mi insufrible levedad?
¿O eres el fruto de la voluptuosidad
de aquel Súcubo que por excelencia
fue fecundado por el Ángel caído?
Dime, ¿ a quién se debe tu presencia?
¿Quién es el Ser infernal que te ha traído
para hacer más amarga mi existencia?
¿Quién profanador, fue el Ser vengativo
que te engendró en mis ruinas a conciencia
sin aparente ni justo motivo?
-Tú.
-¿Qué maleficio es el que se me impone,
qué condena o castigo se supone
monosílaba burla, que merezco,
si ya no sé a qué deidad pertenezco?
Y si los renglones de la experiencia
se escriben en la frente con paciencia
degenerativa. Tinta que se adquiere
a marcha forzada según se muere.
Si todo se aprende tarde en la vida
siendo esto ya una verdad digerida
¿Crees que de verdad castigo merezco?
Si es así, ejecuta tu maleficio,
acaba de una vez con mi suplicio,
porque ya de esperanza no padezco
desde que vencí al motín de los sueños
muertos con sus desengaños y empeños.
qué condena o castigo se supone
monosílaba burla, que merezco,
si ya no sé a qué deidad pertenezco?
Y si los renglones de la experiencia
se escriben en la frente con paciencia
degenerativa. Tinta que se adquiere
a marcha forzada según se muere.
Si todo se aprende tarde en la vida
siendo esto ya una verdad digerida
¿Crees que de verdad castigo merezco?
Si es así, ejecuta tu maleficio,
acaba de una vez con mi suplicio,
porque ya de esperanza no padezco
desde que vencí al motín de los sueños
muertos con sus desengaños y empeños.
Ancló con espectral levitación
en los océanos que esconde mi sombra.
Sentí su estentórea respiración
y todavía siento cómo me nombra.
en los océanos que esconde mi sombra.
Sentí su estentórea respiración
y todavía siento cómo me nombra.
-¡Oh, delirio! ¡Oh, verídica invención!
Fauna del bosque de la identidad,
tú ridiculizas la soledad.
A ti, ilícita reverberación,
solo te tengo a ti, en nada más creo,
porque tú eres yo y de mi has venido.
Pero hoy te acepto, te rezo y te olvido.
Fauna del bosque de la identidad,
tú ridiculizas la soledad.
A ti, ilícita reverberación,
solo te tengo a ti, en nada más creo,
porque tú eres yo y de mi has venido.
Pero hoy te acepto, te rezo y te olvido.
Y fundiéndose en lágrimas del Leteo,
terminó la noche y sus pesadillas.
Soñaré si las voces no me infligen.
Deshojaré para caer de rodillas
mi sombra volviendo al punto de origen.
terminó la noche y sus pesadillas.
Soñaré si las voces no me infligen.
Deshojaré para caer de rodillas
mi sombra volviendo al punto de origen.
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martes, 1 de noviembre de 2016
EL ZAHORÍ
Tú que siempre saciaste
El impulso de la sed
¿Que haces ahora
Bebiéndote el llanto?
Tú que bebiste
De abundantes pozos
¿Que haces ahora
Bebiéndote el llanto?
De abundantes pozos
¿Que haces ahora
Bebiéndote el llanto?
Tú que te bañabas
En profundas aguas
¿Que haces ahora
Bebiéndote el llanto?
En profundas aguas
¿Que haces ahora
Bebiéndote el llanto?
Ahora que ha bajado
La caprichosa marea
Que mecía tus sueños
Te desvela la sed.
La caprichosa marea
Que mecía tus sueños
Te desvela la sed.
domingo, 16 de octubre de 2016
CIERRA LOS OJOS DEL ALMA PORQUE VOY A BESARTE
No puedo culparte,
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte,
Me decías “cierra los ojos del alma
Porque voy a besarte”
Y yo los abría
Para contemplarte.
No, no puedo culparte
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte
Me decías “calla,
Las palabras se las lleva el viento”
Y de mis labios florecía un te quiero
Que se estampaba contra el silencio
De un fingido sueño.
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte,
Me decías “cierra los ojos del alma
Porque voy a besarte”
Y yo los abría
Para contemplarte.
No, no puedo culparte
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte
Me decías “calla,
Las palabras se las lleva el viento”
Y de mis labios florecía un te quiero
Que se estampaba contra el silencio
De un fingido sueño.
No, no puedo culparte
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte
Me decías “ soy una estrella,
Que no te ciegue mi póstuma luz”
Y yo me guié por esa estrella
Para recorrer el camino de tu ausencia.
Tú me advertías
Y yo no quería escucharte
Me decías “ soy una estrella,
Que no te ciegue mi póstuma luz”
Y yo me guié por esa estrella
Para recorrer el camino de tu ausencia.
Pero quien iba a imaginar
Entre caricias que hablaban sin voz
Besos que calmaban la sed,
Y miradas que se fundían
En la pasión
Que aquello no era amor…
Quien… quien lo iba a imaginar,
Quizás cualquiera, cualquiera menos yo.
Entre caricias que hablaban sin voz
Besos que calmaban la sed,
Y miradas que se fundían
En la pasión
Que aquello no era amor…
Quien… quien lo iba a imaginar,
Quizás cualquiera, cualquiera menos yo.
© Rubén Suárez Valverde
domingo, 2 de octubre de 2016
AMANECER
Despierta
el sol
Entre
las pestañas
De
sus secretos.
Sorteo
la ropa tirada
Para
ir al baño,
Me
lavo la cara
Pero
no se aclaran
Las
dudas.
El
espejo de nuestro destino
Sigue
empañado,
Apenas
logro distinguirme.
No
sé quien soy,
Ni
qué somos,
Pero
recuerdo qué fuimos
Y
quien me hiciste ser.
Recuerdo
nuestros paseos por Toledo
Robándonos
besos
Entre
las sombras,
Como
dos amantes fugitivos
Que
huyen del amor
Pero
que dejan demasiados
Recuerdos
tras de si
Y
acaban siendo alcanzados
Y
encadenados en la prisión del deseo.
Y
recuerdo domingos grises
Sin
coger el teléfono,
Pensando
en que si lo de ayer
Estuvo
bien o estuvo mal,
Qué
importa, lo que importa
Es
que estuvo, y que está,
O
quizá lo importante
Es
que estamos,
O que no estamos
O
yo que sé…
Porque
nos empeñamos
En
morder el polvo
Para
echar los mejores,
En
rompernos el alma
En
mil pedazos
Para
decir un te quiero,
Un
te quiero, joder,
Un
te quiero
Que
quizá ya no valga la pena
Pero
al menos es sincero.
Huele
a café, te has levantado,
Llevas
mi camiseta,
Eso
significa que hoy te quedas,
Significa
que hoy somos
Lo
que mañana no seremos
Pero
mientras seamos lo que ayer fuimos
No
tengo más remedio,
Ni
más dicha que amarte.
© Rubén Suárez Valverde
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sábado, 24 de septiembre de 2016
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